Howard Zinn Howardzinn.org (nacido el 24 de agosto de 1922) es un historiador social estadounidense y politólogo. Sus planteamientos incorporan ideas procedentes del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Desde la década de 1960, ha sido una figura importante en la defensa de los derechos civiles y el movimiento antibélico en los Estados Unidos [1]. Es el autor de más de 20 libros, incluyendo A People’s History of the United States (editada en español como La otra historia de los Estados Unidos [2]) y Declarations of Independence.
Biografía
Estudió Historia y Ciencias Políticas en el Spelman College de Atlanta y en la Universidad de Boston (Boston University), donde es profesor emérito. Igualmente ha destacado en teatro. Su obra teatral en torno a la vida de Emma Goldman ha sido estrenada en Boston.
Zinn, el otro historiador americano
Alguien dijo que la historia es la relación de hechos que no ocurrieron así, narrada por personas que no estuvieron allí. Se dice, no sin mucha dosis de razón, que la historia la escriben los vencedores.
Pese a tales visiones pesimistas, la historia de los vencidos, de los que llevaron la peor parte y aún de los aniquilados, de su larga resistencia frente al poder, es parte de la memoria de los pueblos. Es una modesta contribución al mejoramiento del género humano. El odio no es útil en ese empeño.
A primera vista, libros como “La otra historia de los Estados Unidos” (A People’s History of the United States), del académico norteamericano Howard Zinn, pretende narrar la historia no oficial de Norteamérica. Lamentablemente, el autor se extravió en su empeño por los caminos del odio a su patria y sus instituciones.
El profesor Zinn no inventa mentiras. Manipula verdades. Las exagera y distorsiona. Enfoca los hechos históricos desde ángulos oportunistas y mal intencionados. Tanto como puede serlo un liberal de izquierda americano cuando se propone actuar de mala fe.
Lo ciega la pasión antisistema. A cambio, no propone nada.
Para él, la historia norteamericana es la del despojo de los indios, la esclavitud, el racismo, el activismo antibélico, la lucha de los obreros contra la explotación patronal y el poder corporativo, y poco más.
De sus ataques virulentos no escapan los padres fundadores, Walt Whitman ni Abraham Lincoln. En su estrecha y simplista óptica de la lucha de clases no concede mérito alguno a 229 años de democracia americana.
En la historia, según Zinn, el lenguaje de libertad e igualdad de la Revolución Americana fue “una artimaña de la clase dominante”. La Declaración de Independencia no es más que “el más alto grado de elocuencia del mito de la Revolución Americana”. Va más allá que Carlos Marx al afirmar que la Declaración “limitaba el concepto de vida, libertad y felicidad para los machos blancos de América”.
Según Zinn, la Guerra de Secesión fue en beneficio de la nueva clase de millonarios. A las dos guerras mundiales Estados Unidos fue por motivos de lucro. Los desertores, de 1776 a Irak son sus héroes.
Exhibicionista de la incorrección política, Zinn echa a un lado toda objetividad. Para él, la neutralidad no existe. Se lo advertía a sus alumnos de Boston. Lo proclamó, ufano, en el título de sus memorias: “You Can’t Be Neutral on a Moving Train” (No se puede ser neutral en un tren en movimiento). Tampoco se puede escribir historia. Si acaso, panfletos.
El poeta beatnik Allen Ginsberg decía en Howl: “Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”. Las mentes de la siguiente generación, a la cual pertenece Howard Zinn y Noam Chomsky, fueron destruidas por el resentimiento. Fueron nubladas por el odio ciego contra el establishment
De la Contracultura de los 60 lo que quedó fue la narrativa, el cine, y sobre todo, la música. El radicalismo intelectual izquierdista de Zinn, Chomsk y compañía fue superado por la vida.
Zinn, junto a Chomski y James Petras, en los últimos años son asiduos visitantes de La Habana. Justo en los más insólitos tiempos de la revolución cubana. Acuden periódicamente, entusiasmados, a poner un granito de arena en el reforzamiento del arsenal de su batalla de ideas.
Es curioso. Zinn se refiere con disgusto a “la dictadura sobre el proletariado” que existía en Europa Oriental. Es evidente que no es la sociedad mejor a que aspira para su país. ¿Será acaso el modelo cubano? Le advierto que no es muy diferente. Sólo es una cuestión de carisma e idiosincrasia de los dirigentes.
Zinn hallaría aquí suficiente material para sus demoledores análisis. El problema radica en que su visión original y desenfadada de la historia pudiera costarle largos años de cárcel si no coincide con la versión oficial.
A propósito, muy interesante el punto de vista de Zinn sobre la Guerra Hispano-Cubana-Americana, pero como gran parte del libro, inexacto e impreciso. El Dr. Zinn debía saber que el capital norteamericano no llegó a Cuba en 1898 con los cañones de los soldados interventores. La penetración del capital americano fue un proceso paulatino que se inició a mediados del siglo XIX.
Ya en 1855, más de la mitad de los barcos mercantes que tocaban puertos cubanos eran norteamericanos. En 1886, Cuba vendía a refinadores americanos el 94 por ciento del azúcar producido en sus ingenios. Para 1895, tres años antes de la guerra, las inversiones americanas en Cuba ascendían a 50 millones de dólares.
Es lamentable que el académico Zinn no conozca más a fondo la historia de un pueblo cuyo destino pretende ayudar a modelar apostando por sus gobernantes.
La editorial Ciencias Sociales se apresuró a publicar el libro de Howard Zinn para la Feria del Libro de La Habana. Este año estuvo bastante deslucida. Entre títulos tales como “Chávez nuestro” y “El código Chávez”, la obra del académico norteamericano no resultó de las más interesantes.
El libro lo prologó Alfredo Prieto, que lo califica como “el “Bowling for Columbine de la historiografía norteamericana”. Prieto alude al documental del polémico y grácil Michael Moore. Si la comparación se refiere a la manipulación, los sofismas y lo tendencioso de su análisis, estoy plenamente de acuerdo.