15
Feb
08

La falacia del monoteismo de Akhenatón.

“Akenatón, faraón de la decimoctava dinastía, que gobernó Egipto entre 1379 y 1362 a.C., abandonó la mayoría de los dioses antiguos e intentó imponer una religión monoteísta basada en el culto a Atón, el disco solar.
Construyó una nueva capital llamada Ajetatón, en Tell el Amarna, 250 kilómetros al sur de El Cairo, y el hallazgo demuestra que altas autoridades continuaban construyendo sus tumbas en Menfis, cerca de la capital egipcia”.

Ya todo el mundo sabe que el pretendido monoteismo de Akhenatón se lo inventó Freud ( el del Psicoanálisis ) para justificar de judío.

A ver si empezamos a decir la verdad de una vez por todas , que SOLO hay teorías y la unica realidad es que Siguió el culto de TODOS los centenares de dioses egipcios durante la época de Amarna.

Si no…dense una vuelta por el Museo Petrie de Londres y verán sus figuras.

El hallazgo de las tumbas es otra demostración de la protendida “centralización ” amarniense etc…..TODO INVENTADO ( O casi todo)…

La polémica suscitada en las últimas semanas por el fabuloso ataúd de madera dorada devuelto a Egipto y cuya propiedad ha sido adjudicada sin ningún rigor científico al herético Akhenatón, destapa una vez más los enigmas que todavía rodean al Valle de los Reyes en Luxor y en especial a la KV 55, una de las tumbas más misteriosas de toda esta necrópolis

NO es de extrañar que el Valle de los Reyes sea el lugar que más impresiona a muchos de los visitantes de Egipto. Solamente el marco rocoso de la Montaña Tebana es incomparable. La belleza de los casi 80 hipogeos que se encuentran en esta necrópolis real, es algo más que el legado artístico de una fascinante civilización. En árabe recibe el nombre de Wad Biban el Moluk, literalmente “El Valle de las Puertas de los Reyes”. Para los antiguos egipcios era aún más complicado. Ellos denominaban a este impresionante cementerio “La Grande y Noble Necrópolis de Millones de Años de Faraón, ¡Vida, Salud y Fuerza!, del Oeste de Tebas” o también “El lugar Escondido” o “El gran Lugar”.

Este valle fue utilizado por primera vez a comienzos de la dinastía XVIII (1500 a.C.), en un intento desesperado por aglutinar todas las tumbas en un lugar fácilmente vigilable, evitando así los continuos saqueos que sufrían las tumbas reales. Todo fue una idea de Ineni, el Primer Arquitecto del faraón Tutmosis I. sobre una estela encontrada en la tumba de este arquitecto puede leerse que él mismo se encargó de “la excavación de la tumba de Su Majestad en solitario, sin que nadie viera ni oyera nada”.

Pero, por desgracia, la gran mayoría de las tumbas no pudieron escapar a los saqueadores. Esta circunstancia ha dado paso a que muchos de los sepulcros del valle sean en la actualidad un verdadero jeroglífico para los egiptólogos. Entre ellas, se encuentra uno de los hipogeos más enigmáticos de todos, la llamada KV 55.

Sepulcro de herejes.

Sin temor a equívocos, la KV 55 es una de las tumbas más misteriosas de todo el valle, hasta tal punto que en realidad se desconoce si efectivamente se trata de una tumba o de un simple almacén o caché, si empleamos el término francés al uso por los egiptólogos. Con la ayuda de Edward Rusell Ayrton, Theodore Davis, un abogado millonario que invirtió parte de su fortuna en excavaciones, descubrió la KV 55 el 3 de abril de 1907, justo en el centro de Biban el Moluk. Tras pasar los restos de una puerta en la que todavía se conservaban fragmentos del sello de la necrópolis, formado por el dios chacal Anubis sobre la representación de nueve prisioneros cautivos, se accedía a un pequeño pasillo de apenas 10 metros de longitud y poco más de 2 metros de ancho. Al final de este pasillo había una estancia no muy grande de 5 por 7 metros, perfectamente orientada de norte a sur. En ella Ayrton descubrió desparramados por toda la habitación los restos de una capilla, y lo más curioso de todo, un magnífico y misterioso ataúd de madera, cubierto con láminas de oro. Dentro había una momia. Del ataúd se habían arrancado los cartuchos del nombre del ocupante, por lo que nunca se ha podido saber quién fue. Además la máscara que decoraba la parte del rostro del ataúd también había sido arrancada hacía siglos, haciendo imposible reconstruir los rasgos del posible propietario.

Como la capilla aparecida en la habitación estaba relacionada directamente con la figura de Tiyi, la esposa de Amenofis III e hija de Yuya y Tuya, de quienes el propio Davis había hallado su tumba en el año 1905 en el mismo Valle de los Reyes, el abogado americano se convenció de que la momia que portaba el misterioso ataúd pertenecía efectivamente a la reina Tiyi. Precisamente, en un primer análisis de la momia el médico que acompañaba a Davis, que jamás había visto una momia en su vida, le siguió la corriente al millonario americano, asintiendo que se trataba efectivamente de la momia de una mujer. Sin embargo, cuando el cuerpo se trasladó hasta El Cairo para ser estudiado por el prestigioso forense Elliot Smith, éste no dudó a primera vista en reconocer que se trataba del cuerpo de un hombre. La polémica volvió a nacer con la especulación de a quién podría pertenecer esta extraña momia.

La presencia al sur de la habitación grande de la tumba de una mucho más modesta con vasos canopos, ladrillos mágicos con el nombre de Amenofis IV (1379-1362 a.C.), así como el análisis forense de la momia que demostró ser finalmente el cuerpo de un hombre y no de una mujer, ha hecho pensar a más de un investigador que nos encontramos ante los restos de Amenofis IV, el herético Akhenatón, esposo de la conocida Nefertiti. Este apelativo se le ha añadido siempre debido al giro de 180 grados que sufrió la religión durante sus casi veinte años de reinado. Amenofis IV, tras cambiarse el nombre por el de Akhenatón, centró todos los cultos en la figura del disco solar Atón, relegando al resto de divinidades del panteón egipcio a un segundo plano, circunstancia que no agradó especialmente al clero del que hasta entonces había sido el todopoderoso Amón. Si nos atenemos a la persecución religiosa que sufrió este faraón después de su muerte, se jusitificaría el hecho de que los cartuchos con su nombre hubieran sido arrancados de la tapa del ataúd. Además, en el texto conservado, aunque sin referencias directas a ninguna persona, se habla del “Bello hijo de Atón”.

Una momia sin sexo.

La mala conservación tanto de la tumba como de la propia momia hizo que ésta llegara hasta nosotros reducida prácticamente a un esqueleto. Los estudios forenses que se ha realizado sobre la momia han salvado algunos detalles un poco contradictorios con la teoría tradicional. Por ejemplo, un aspecto que no cuadraba con la figura de akhenatón es que la momia de KV 55 se correspondiera con una persona de entre unos 20 y 25 años. Para rizar el rizo y complicar aún más la situación, tampoco es seguro que nos encontremos ante los restos de un hombre. Análisis posteriores pensaron que se trataba del cuerpo de una mujer, posiblemente Kiya, la segunda esposa de Akhenatón y, quizás, y solamente quizás, la madre de Tutankhamón (1361-1352).

A pesar de todas estas contradicciones, lo más normal en la literatura egiptológica es encontrar que la momia de la KV 55 pertenece a un hombre. Debido a este dato y a la juventud del fallecido, muchos han apuntado la posibilidad nada despreciable de que nos encontremos ante la figura de Semenkhare, corregente y sucesor de Akhenatón.

Pero las ambigüedades siguen estando ahí. En la parte exterior de la momia había unas inscripciones que daban a entender que se trataba de la momia de la reina Tiyi. Recientemente se ha planteado una hipótesis de trabajo que combina la posibilidad de que la momia hallada en el ataúd de madera dorada de la KV 55 sea al mismo tiempo la de un hombre y la de una mujer. Esto se debería a la terrible violencia con la que debió de tratarse el cadáver en la antigüedad. Según el egiptólogo David Rohl, no es extraño pues que nos encontremos ante los restos de dos personas diferentes ensambladas en una sola momia, perteneciendo el cráneo a un sexo y el resto del cuerpo al otro.

“La Tumba de Oro”

La historia que rodea a la KV 55 todavía sigue coleando y está lejos de resolverse. A comienzos de enero del presente año, los medios de comunicación de todo el mundo se hacían eco de una curiosa noticia. El gobierno alemán devolvía al egipcio el sarcófago de Amenofis IV, Akhenatón, descubierto en 1907 en el Valle de los Reyes. La historia no deja de ser rocambolesca.

Cuando Theodore Davis descubrió la KV 55 a principios de 1907, el ataúd estaba íntegro, es decir, conservaba tanto la tapa como la cuba en donde se deposita la momia. Nadie sabe cómo, pero en 1931 alguien entró en el Museo y robó la cuba dejando únicamente la hermosa tapa de ataúd. En realidad no es nada extraño o increíble. El tráfico de antigüedades en Egipto es algo que está a la orden del día incluso en las esferas más altas del gobierno. Por eso uno se pregunta muchas veces a qué viene que las autoridades egipcias despotriquen contra el saqueo europeo de su país en el siglo XIX, cuando son ellos mismos los que van poniendo precio al patrimonio. Además, y nunca me cansaré de repetirlo, si el Museo de Turín, el Británico de Londres, el Louvre parisino o el de Berlín cuentan con excepcionales colecciones de arte egipcio es, ni más ni menos, porque los propios egipcios en le XIX y XX comerciaban con su patrimonio. No olvidemos que hace pocos años el mismísimo Dr. Zahi Hawass director de la meseta de Gizeh, fue expulsado de su puesto en el gobierno por su supuesta relación con la desaparición de varias piezas de importantes valor de los almacenes de la meseta. Al final todo fue un mal entendido, pero conozco gente que ha podido comprar en ferias de arte, piezas procedentes de un pozo de la época de Ramsés II, descubierto por Hawass en Gizeh.

Dejando de lado la gestión más o menos acertada de las autoridades egipcias en este terreno, lo que realmente importa es que la cuba del sarcófago de la KV 55 despareció en 1931 para reaparecer cinco décadas después en una colección privad de arte. Efectivamente en 1980 la parte inferior del ataúd fue redescubierta en una colección privada europea, cuyo dueño la donó al Museo Estatal del Arte Egipcio de Munich con el fin de que se hiciera cargo de su restauración. Después de ello fue devuelto a Egipto tras un acuerdo con las instituciones alemanas a finales de enero de 2002.

Esta devolución, que algunos medios de comunicación titularon “Regresa a Egipto la tumba de oro del faraón Amenofis IV”, despistó en un primer momento a todos los investigadores, entre los que lógicamente me encontraba. Al menos yo no tenía constancia de que se hubiera descubierto nunca en Egipto ninguna tumba de oro de Amenofis IV, y mucho menos su sarcófago. En un primer momento pensé en el sarcófago de granito rojo que hay abandonado en el jardín del Museo con los cartuchos reales de época de Amarna y que en la actualidad las autoridades egipcias han tenido a bien emplearlo como contenedor de las escobas de los jardineros que limpian el mencionado jardín. Ver para creer.

Pero la realidad era más sencilla de lo que parecía.

El Ataúd de Semenkhare.

El único ataúd de oro descubierto a principios de 1907 en el Valle de los Reyes es el que apareció en la misteriosa tumba KV 55. Efectivamente, ese era el ejemplar que aparecía en la televisión y en las fotos de prensa. Ni se trataba de la tumba de oro de Amenofis IV, ni el sarcófago de oro de este excéntrico rey. Simplemente era el conocido ataúd atribuido desde siempre a Semenkhare en cuyo interior había aparecido una de las momias más problemáticas de toda la historia de la egiptología. El incidente no se ha detenido en la mera recuperación del ataúd. Parece que las investigaciones pretenden dar un paso adelante con la intención de llegar hasta el final de la cuestión. El análisis de ADN de la momia y su comparación con el de los fetos descubiertos en la tumba de Tuankhamón, podría dar pistas acerca de la posible identidad de la mujer o del hombre enterrado en la KV 55. Como ya he comentado, para algunos investigadores es Kiya, la supuesta madre de Tutankhamón, segunda esposa de Amenofis IV, Akhenatón. Pero si se trata finalmente del cuerpo de Semenkhare, la comparación de su ADN con el de Tutankhamón podría esclarecer el posible vínculo de hermandad que algunos investigadores han querido ver en estos dos soberanos. Todo un mundo de fascinantes enigmas históricos cuando estamos a punto de celebrar el 80 aniversario del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón.

Los escondites de Amarna

A la KV 55 habría que sumar otros dos pozos de época amarnina en el mismo Valle de los Reyes. Son los llamados KV 54 y KV 58, en donde aparecieron restos de los banquetes funerarios llevados a cabo después del enterramiento de Tutankhamón. También podrían se cachés de época de Amarna a donde se trasladaron posiblemente enterramientos desde la ciudad herética.

Algo parecido es lo que se busca en una trinchera abierta junto a la entrada de la tumba de Ramsés VI (KV 9). Antes del hallazgo de la tumba de Tutankhamón, el arqueólogo británico Howard Carter ya había estado excavando en esta zona aunque su trabajo fuera superficial. El testigo de la excavación ha sido tomado ocho décadas después por los también arqueólogos británicos Geoffrey Martín y NIcholas Reeves. Se trata de una trinchera de 6 metros de longitud por 2 de ancho cuya excavación empezó en 1998 (ver ENIGMAS, año V nº 12). Según estos arqueólogos, es muy probable que tras el período herético de Amarna, muchos miembros de la familia real fueran trasladados al Valle de los Reyes. Allí debieron de ser realojado no en tumbas reales propiamente dichas, sino en escondrijos o cachés. Para Reeves y Martin parece claro que el centro del valle se convirtió durante el reinado de Tutankhamón en el lugar de refugio de otras tumbas relacionadas con el periodo de Amarna.

La dama anciana

En el año 1898 el arqueólogo francés Victor Loret, que por entonces era el director del Servicio de Antigüedades, descubrió la entrada a la tumba de Amenofis II (1450-1425 a.C.), la KV35. El sepulcro apareció totalmente saqueado, pero lo que nadie se esperaba es que en la cámara funeraria permanecieran los restos del sarcófago del faraón y dentro de él la momia del rey. Además en el interior de la tumba aparecieron dos cámaras anexas repletas de momias reales. En una de ellas, se descubrieron los cuerpos de Tutmosis IV, Amenofis III, Seti II, Meneptah, Siptah, Ramsés V, Ramsés VI y Ramsés IV, así como el cuerpo de una mujer desconocida. En la otra habitación Loret se topó con las momias de dos mujeres, una anciana y otra joven, escoltando la momia de un niño que portaba el típico mechón de pelo de los príncipes.

Esta momia de una mujer anciana es la misma “Elder Lady” que tanta polémica ha levantado en los foros egiptológicos desde su descubrimiento. Diferentes análisis de ADN han pretendido relacionarla con el cuerpo de la esposa de Amen-Hotep III, la reina Tiyi, y que en un principio fue identificada con la momia descubierta en la KV 55 . Más recientemente y basándose en unos análisis comparativos, la egiptóloga Susan E. James ha querido ver su posible semejanza con la reina Nefertiti, la esposa del herético Akhenatón.



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