25
Feb
08

Montañas.

Impenetrable y alta montaña mía,

¡soberbia, altiva e imponente eres!

Errantes nubes blancas suavemente besan

el techo coposo de tus gigantes laderas verdes.

El aire fresco y enrarecido,

con dedos limpios y fríos,

golpea la tostada piel.

Y a los pulmones campesinos

penetra hondo y con brío.

Azuerense y virgen montaña mía,

como viejo monumento del pasado

tu verdor quedó.

Recortada entre el humo

y los amarillos faraguales,

testigo mudo eres

de un mundo que ya murió.

Majestuosa y verde montaña mía,

último valuarte eres

de paradisíaco mundo vegetal.

Como templo imponente,

solitario te yergues

en la fresca quietud de la selva tropical.

Fértil oasis,

regalo de la Naturaleza,

templo húmedo de la profusa vegetación,

en cuyos altares verdes

los seres que la habitan,

en inspirado rito,

cada día comulgan con Dios.

Azuerense y virgen montaña mía,

último valuarte del mundo vegetal,

solitaria y altiva te yergues

en el asolado mundo tropical.

Azuerense y solitaria montaña mía,

como viejo monumento del pasado

tu fresco verdor quedó.

Recortada contra el humo

y los quemados faraguales,

testigo mudo eres

de un mundo que ya murió.